Un cómic de tiempos muertos

Bienvenido al blog de "Todo se pega". En este blog iré publicando semanalmente este cómic... No esperes un trabajo profesional, porque no lo es.
"Todo se pega" es un cómic de tiempos muertos... esos diez minutos que me quedan libres en el trabajo, esa media hora que madrugo de más para poder dibujar algo, esos minutos que intento sacar de cada día para hacer unas viñetas, por cutres que me queden a veces...
Así me han ido saliendo varias decenas de páginas del primer cómic de zombis sin zombis, de la historia de un par de amigas atrapadas en el ya tan manido holocausto zombi, que esta vez focaliza su atención, de momento, en mi amada y odiada ciudad de Zaragoza.
Espero que te guste.

jueves, 21 de abril de 2011

Zarazombis#2 Josué

"El que le grabó aquel CD no tiene perdón de Dios". Así se refería el padre de nuestro amigo a quienquiera que, en su momento, le grabó al bueno de Josué un Compact Disc en el que tan solo podía leerse las palabras "RAC ESPAÑOL".
No fue un proceso muy radical, pero el cambio que fue operándose en la personalidad de Josué fue tan extremo como irreversible. A los 12 años, con uno solo de instituto, el chaval decidió raparse la cabeza y frecuentar la poco recomendable compañía de los miembros más jóvenes de determinado partido político de extrema derecha... A los 14, fue conducido por primera vez ante el juez de menores, acusado de haber participado en la paliza que un joven marroquí recibió en el zaragozano barrio de la Almozara. A los 18, ya era miembro de pleno derecho del movimiento Skin Head NS zaragozano, derecho adquirido, por cierto, mediante el uso frecuente de la violencia en su relación con los miembros de otros colectivos, digamos"molestos" (véase extranjeros, izquierdistas, homosexuales, etc.)
Hastiados, aborrecidos, asqueados, sus padres tomaron la determinación de echar al joven Josué de casa, expulsión a la que el muchacho respondió con un "¡
Que os jodan, no quiero volver a ver a una gente que me puso nombre de judío".

Dos años después, llegó el horror. Viendo las noticias en el salón del piso que compartía con Manuel- otro miembro activo del movimiento neonazi zaragozano, el cual se había librado de una larga condena por homicidio gracias a un error de forma en el juicio-, Josué sólo acertaba a exclamar:
"¡Los putos negros! ¡Esto lo han traído los putos negros! ¡Nos han jodido! ¿No podían quedarse en su puta selva?!"
Manuel se limitaba a asentir, silencioso, mientras por la pantalla de la tele se asomaban los terribles espectros de quien, hasta hacía un par de días, eran vecinos y amigos, y ahora eran una cruel parodia caníbal del ser humano.
Una tarde de septiembre, cuando las cosas empezaban a ponerse feas y ya no era extraño encontrarse por la calle con esa gente, Josué llegó a casa exaltado, tembloroso, pero, a su vez, extrañamente animado.
-
¡Vamos a por ellos! -gritaba. -Hijos de puta, hoy el jefe ha decidido cerrar el taller hasta que todo esto pase. ¡Estoy sin trabajo!!!
Los he visto, he visto a dos de ellos deambulando por el puente de la Almozara. Dan escalofríos, tío. Estoy seguro de que lo que dicen por el Facebook es verdad, ¡están muertos!!! ¡Son muertos vivientes, como en las putas películas!!!
Manuel, encerrado en su habitación, no respondía.
-Hoy he quedado con todos los del partido, vamos a hacer una batida por la mezquita. Me han dicho que los moros guardan ahí a sus enfermos y a sus muertos, porque creen que en el rumor ese que dice que a todo el que enferma de gravedad, lo ejecutan.
¡Vamos a ir y les vamos a machacar la cabeza a los putos moros, joder!!!
Como quiera que Manuel no respondía, Josué entró en su cuarto y apenas pudo ahogar un gemido de dolor cuando vio a su amigo ahorcado del gancho de la vieja lámpara de araña. A sus pies, una nota escrita en mayúsculas, dirigida a Josué, quien la leyó con las primeras lágrimas que sus ojos derramaban en... tantos años.

ES EL FIN. NO PIERDAS EL TIEMPO Y HUYE. YO NO TENGO FUERZAS.

En la mano agarrotada de Manuel podía verse una fotografía de sus padres, con quien tampoco se hablaba, igual que Josué desde hace años. Sobre la cama, el teléfono portátil emitía una débil señal. Manuel no había llegado a colgar a quien le había llamado para darle la noticia.
Dos horas más tardes, mientras Manuel se agitaba en la cuerda de la que había quedado colgado, Josué salía a calle armado con un bate de béisbol. Se protegía la cabeza con el casco de la moto y en el bolsillo llevaba un puño americano. Se mordió el labio inferior cuando sus compañeros le preguntaron por Manuel, pero no dijo nada sobre la suerte que había corrido.
Los doce jóvenes rapados caminaban decididos hacia la calle Reino, donde se halla la mezquita de la Almozara cuando vieron otra pandilla, en este caso, un grupo de dominicanos, que parecía dirigirse hacia el mismo lugar.
La refriega fue rápida, ruidosa, violenta. Ya se habían encontrado en otras ocasiones, aunque la violencia que exhibieron esta vez fue desmedida por ambos bandos. La tensión acumulada por todo el mundo, el estado de terror en que vivían desde agosto, había convertido a estos jóvenes, como a tantos otros, en gente potencialmente tan peligrosa como aquellos que les habían infundido ese terror.
El último acto consciente de Josué fue quitarse el casco para golpear a un joven negro con él en la cara. Mientras lo hacía, notó un fuerte pinchazo en la espalda y después, una sensación de ahogo en las entrañas, como cuando era pequeño y su padre intentaba enseñarle a nadar con lamentables resultados y Josué tragando litros y litros de agua. Empezó a escupir y después vomitar sangre. Cayó  de rodillas y murió pensando en ese hombre que le había puesto nombre de judío y que tres días después habría de morir descuartizado en plena calle Conde Aranda, en un vano intento por reencontrarse con su hijo menor, perdido hacía dos años, un mes y seis días.
Cuando Josué despertó, ya no sentía el odio que le había devorado desde su más temprana adolescencia. Junto con un chaval latino que también había perecido en la pelea, y cuyo cadáver ya nadie recogió, nuestro buen amigo empezó a caminar sintiendo tan solo una cosa: HAMBRE.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario