Un cómic de tiempos muertos

Bienvenido al blog de "Todo se pega". En este blog iré publicando semanalmente este cómic... No esperes un trabajo profesional, porque no lo es.
"Todo se pega" es un cómic de tiempos muertos... esos diez minutos que me quedan libres en el trabajo, esa media hora que madrugo de más para poder dibujar algo, esos minutos que intento sacar de cada día para hacer unas viñetas, por cutres que me queden a veces...
Así me han ido saliendo varias decenas de páginas del primer cómic de zombis sin zombis, de la historia de un par de amigas atrapadas en el ya tan manido holocausto zombi, que esta vez focaliza su atención, de momento, en mi amada y odiada ciudad de Zaragoza.
Espero que te guste.

miércoles, 20 de abril de 2011

Zarazombis #1 Elvira

Durante la semana santa no va a avanzar la historia, pero vamos a contar como algunas personas terminaron vagando por la calle como vulgares carcasas sin alma.

ELVIRA

Elvira llevaba tres años encerrada en su casa después de que la pérdida de su único hijo la sumiera en una profunda depresión. Aprendió a hacer la compra por Internet y se negó durante todo ese tiempo a pisar la calle, ni siquiera cuando se encontraba mal y necesitaba ir al médico. Tampoco recibía visitas, aunque, ciertamente, no quedaba nadie que quisiera ir a verla.
En agosto de 2011 empezó a mirar con incredulidad las noticias de la televisión que informaban del cierre de dos plantas del Hospital Universitrio Miguel Servet, en el que había trabajado durante años. Al parecer, una infección hospitalaria fuera de control había puesto en jaque a las autoridades sanitarias, ya no sólo en Zaragoza, sino también en el resto de España y, aparentemente y según pudo verse después, en todo el mundo.
Ocasionalmente pudo ver en la pantalla de su televisor ciertas imágenes borrosas de los afectados por la presunta infección. La visión le resultó tan aterradora que no tardó en autoconvencerse de que todo el asunto respondía a una manipulación más de los medios audiovisuales.
Resolvió no  encender más la tele, si acaso vería viejas películas  y teletiendas cuando ya no se emitieran telediarios. Finalmente, tuvo que apagar la tele, porque los informativos copaban toda la programación.
Una noche, a primeros de septiembre, a eso de las tres de la madrugada, oyó gritos en la calle Pablo Gargallo, donde residía. Por un segundo, apunto estuvo de asomarse a ver que ocurría, pero decidió bajar la persiana, cerrar las ventanas e ignorar todo sonido proveniente del exterior...
El segundo miércoles de septiembre no llegó el chico que le traía la compra del supermercado. Envió mails e hizo llamadas, pero no obtuvo respuesta.
¿Qué hizo entonces? Decidió comer menos; a fin de cuentas, se estaba poniendo muy gorda y tenía suficientes reservas de alimento en casa.
El trece de septiembre, oyó alboroto en la escalera de su casa. Reconoció las voces de sus vecinos... sonaban alteradas, nerviosas. Escuchó sus pasos apresurados escaleras abajo y volvió la tranquilidad.
Finalmente, el 16 de septiembre, estando Elvira a punto de darse un baño, se oyeron unos fuertes golpes en la misma puerta de su apartamento. Era la policía, decían. Venían a evacuarla, pues la situación empazaba a escaparse del control de las autoridades y se había declarado una evacuación obligatoria.
Un pequeño haz de luz se abrió camino en la turbia percepción que Elvira tenía del mundo. Intuyó el peligro y tuvo claro que debía aceptar la protección que le ofrecía la policía...
Pero no le dieron tiempo a vestirse; irrempieron en la casa y se llevaron a Elvira vestida tan solo con un batín de baño.
La imagen de los policías armados hasta los dientes impresionó vivamente a nuestra heroína, tanto que siguió a los agentes semidesnuda, sin decir ni pío. Sin embargo, Elvira notó que algo iba mal... el corazón le latía de una manera extrañamente acelerada, o incluso irregularmente. Una sensación de ahogo desconocida apretaba la tráquea de la buena mujer mientras bajaba las escaleras custodiada por hombres fuertemente parapetados para una circunstancia de peligro extremo.


Cuando por fin, tras meses de autorreclusión, Elvira piso la calle, la sensación distó mucho de ser agradable; tras una apresurada barrera formada por contenedores de basura y vallas de obras, la mujer pudo ver a unos personajes de aspecto muy similar  a aquellos que había contemplado vía TV cuando todo el problema comenzaba a irse de madre,
El corazón de Elvira se detuvo sin más ante la visión de los muertos vivientes y cayó a la acera con gran estrépito. Los policías que la custodiaban dejaron el cadáver y huyeron hacia el furgón en que habían llegado sin recoger a nadie: la precaria barricada había caído y los muertos vivientes ya rodeaban a los vecinos evacuados aquella mañana.


Un par de minutos después, Elvira abrió los ojos y sintió una nueva necesidad, un hambre feroz que hasta entonces no había conocido. Desde entonces, desnuda y muerta, camina por las calles con la única intención de saciarlo.

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